
En el trabajo me acerqué a dos compañeras que charlaban
Le dije a una: Que linda que tenés la piel.
Acotó la otra: Si, como sana.
Si, mmmm…está brillosa jeje, dice la aludida.
No, te queda muy bien, está como humectada, responde la otra.
Que te ponés? Le pregunto.
Mmmmmmmm….no sé….mmm...…(hace el diámetro del frasco de la crema con los dedos pulgar e índice de ambas manos)…..q sé yo…. rosita…
(Cuack) pienso
A mi me gusta ponerme una crema autobronceante, dice la otra.
Ah si? Cómo se llama? Pregunta la de la crema rosita.
No sé, agarro cualquiera, responde.
Cómo no vas a saber qué crema usás? Cómo no vas a saber cómo se llama? Qué perfume te ponés? De qué marca es ese pantalón que te queda tan bien? Qué especia le agregás al risotto para que quede con ese sabor especial?
No pueden ser más bbbbbbbbboludas!
Se cuentan todo, o casi, pero el nombre del perfume o la receta que les sale de 10 no lo dirán aunque les arranquen las uñas.
De mi género, esa es la parte que detesto.
Una culturización al servicio de la tontera las ha hecho mezquinas con ese tipo de información que, a su modo de entender, las hace valorables…
Pero, chicas, existe la reflexión de la vida cotidiana… Por favor.
Detengámosno a pensar y a criticar por qué decimos lo que decimos y hacemos lo que hacemos.